Vista de lectura

Por una antropología de “caja de herramientas”

Artículo ganador del 3er Lugar en el 1er Concurso “Reimaginando la Nueva Antropología”. México, Junio 2024

En las últimas décadas la antropología se ha enfrentado a la imponente tarea de voltear a ver a su pasado con ojos críticos y a su futuro con mirada severa y preocupada. Desde sus inicios de la mano del imperialismo hasta los irremediables avances de los proyectos homogeneizadores de nación, como antropólogos, hemos estado bajo la sombra de burgueses y políticos e incluso del Estado mismo; pero ahora que nos encontramos habitando espacios desde otras perspectivas, ya sin blandir la espada del poder político tenemos que replantearnos por completo al servicio de quién existe ahora nuestra profesión.

Desde los primeros momentos en los que uno como estudiante comienza a inmiscuirse en los asuntos de la antropología se nos repite constantemente el código implícito de esta labor. Somos observadores; somos personas de ciencia; somos escritores; somos extranjeros o forasteros o extraños; O eso era en el mundo de antes. El mundo actual, globalizado, desigual, polarizado, distante y sordo exige una antropología que no se queda callada como antaño. Los temas que le incumben a la antropología se volverán cada día más personales, y no me refiero al crecimiento de la auto etnografía como método, me refiero al entendimiento y a la empatía entre investigador e investigado. Entre colaboradores, el sujeto de estudio pasa de recaer en el otro y sus relaciones con otros otros; a enfocarse en las relaciones del nosotros, la distancia entre tú y yo. La persona dedicada a la antropología debe transformarse, adaptarse y moverse. La persona dedicada a la antropología debe aprovechar sus habilidades de técnico de la observación y la empatía para reconocer las tensiones, encontrar las grietas y reivindicar los encuentros que nadie más percibe y hacer de ese conocimiento energía potencial. Somos cajas de herramientas, siempre lo hemos sido, pero en el momento en el que logramos trazar los caminos entre mundos y realidades diferentes es posible rediseñar, replantear y construir nuevas relaciones. Pongamos la antropología en manos del pueblo, de aquel México Profundo del que tanto hemos leído. Seamos embajadores del tequio, traductores de ideas, un par de manos más. La antropología del futuro se mueve desde abajo.

* Estudiante de la Licenciatura en Antropología, CEA UNAM

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Nuestra experiencia en el mundo digital vista desde la Antropología Social

Artículo ganador del 2do Lugar en el 1er Concurso “Reimaginando la Nueva Antropología”. México, Junio 2024

La democratización de la tecnología establece que la tecnología es un aspecto crucial de la vida pública; esto es importante en este momento en que las tecnologías digitales han entrado en prácticamente todos los ámbitos de educación, la industria, la sanidad, los servicios o las relaciones personales/familiares. En estos aspectos, sin embargo, vemos cómo las herramientas digitales están siendo fuertemente utilizadas para vulnerar y violentar las experiencias de las personas, en ámbitos tan diversos como el consumo, las relaciones afectivas o la socialización, por medio del ciberacoso, ciberbullying, el robo de identidad, los fraudes digitales, la diseminación de noticias falsas, entre muchos otros.

De esta forma, expertos hablan de rehabilitar el concepto de contrato social en el contexto del giro digital: “la cuestión de cómo cambiar democráticamente la tecnológico con valores sociales, no instrumentales, sin restringir la libertad del mercado y de los actores individuales” (Rakowski, Polak & Kowalikova, 2021, p.202). Esta perspectiva plantea una serie de preocupaciones éticas asociadas con el desarrollo tecnológico, y apunta a que a menos que abordemos preocupaciones como estas, ponemos en peligro los posibles provechos asociados con su uso y aplicación, las cuales idealmente deben reconocer la dimensión social de sus iniciativas (Polak, 2021).

Tanto los patrones de organización social, como los regímenes de acumulación económica actuales parecen responder a dinámicas que exceden el terreno de “lo político”, “lo social” o “lo económico”, para integrarse en una problemática dimensión compleja, en la que “lo tecnológico” (en tanto conocimiento, artefacto y práctica social) es parte constitutiva de los procesos de cambio sociohistórico. De hecho, resulta dificultoso comprender la actual orientación de los procesos de cambio social en ausencia de análisis de fenómenos de innovación tecnológica: todos los días utilizamos nuevas tecnologías, pero no tenemos idea de cómo funcionan y qué algoritmos están ocultos en los programas, servicios y anuncios. Sin entender las consecuencias, utilizamos diversas tecnologías con funciones en las que solo ingresamos y recibimos datos (Bridle, 2019). Ante ello, podemos preguntarnos: ¿Qué tanto lo hemos analizado y qué tenemos que decir las y los antropólogos sociales mexicanos frente a desafíos tecnoeconómicos y socioculturales que pueden vulnerar nuestra experiencia como usuarios/ciudadanos a través de los posibles abusos, sesgos y exclusiones digitales?

Referencias

Bridle, F. (2019) New Dark Age: Technology and the End of the Future. Verso: NY.
Polak, P. (2021) Welcome to the Digital Era—the Impact of AI on Business and Society, en Society, 58: pp.177–178.
Rakowski, R.; Polak, P.; Kowalikova, P. (2021) Ethical Aspects of the Impact of AI: the Status of Humans in the Era of Artificial Intelligence, en Society, 58:pp. 196–203.

*Postdoctorante en el IIS – UNAM

Artículo ganador del 2do Lugar en el 1er Concurso “Reimaginando la Nueva Antropología”. México, Junio 2024

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El antropólogo misticista

Artículo ganador del 1er Lugar en el 1er Concurso “Reimaginando la Nueva Antropología”. México, Junio 2024

Antropólogo: ¨Necesito saber si no es en este pueblo donde había un curandero muy famoso… son ellos los que guardar el conocimiento de los ancestros mayas”

Yo: ¿Por qué te interesan los curanderos?

Antropólogo: “Pues, primero que nada, porque los prefiero sobre los doctores…”

No pude evitar preguntarme si el antropólogo era consciente de que la comunidad a la que veía como depositaria mística de la cultura maya ya no mostraba interés en esos curanderos, ni siquiera los buscaban. De hecho, días antes había sufrido de anemia y, aunque me sugirieron consumir remolacha, los habitantes de Francisco Villa también me habían recomendado el número de "una doctora muy competente, de donde usted viene, de Puebla".

Sin duda, me encontraba ante uno de los principales desafíos actuales en la reflexión y la imaginación antropológica: el antropólogo misticista. No soy la primera en investigar este tema; de hecho, hay bastante reflexión al respecto. Por ejemplo, Roseberry argumentó que intentar trazar fronteras culturales rígidas al pensar que ciertas comunidades se comportan de manera aislada equivale a cosificar la cultura, ya que las comunidades no existen de forma aislada y no son meros contenedores de la cultura o conocimiento maya. Pensar en las sociedades de esta manera es ignorar las relaciones en las que están inmersas. Ignorar que este pueblo se formó recientemente y que, aunque cuenta con algunos habitantes que provienen de la zona maya, la mayoría ya no se identifica con los "mayas" que tanto buscan los antropólogos. ¿El desafío? Uno mismo como antropólogo. No caer en la narrativa que nos hace creer que hay comunidades que son los "guardianes del conocimiento", ignorando así todas las relaciones desiguales de poder en las que están inmersas.

En conclusión, el encuentro con el antropólogo misticista revela no sólo los desafíos de la reflexión antropológica contemporánea, sino también la necesidad imperativa de abandonar las narrativas estáticas que idealizan a ciertas comunidades como guardianes exclusivos de la cultura y el conocimiento. La nueva antropología, más que buscar e imaginar contenedores estáticos, debemos reconocer las dinámicas complejas y las relaciones de poder que moldean las identidades y prácticas culturales. sólo así podremos evitar caer en visiones simplistas y obsoletas que perpetúan desigualdades y distorsionan la riqueza y diversidad de las sociedades humanas.

* Maestra en Antropología sociocultural

Referencias:

Roseberry, William (1989). Anthropologies and histories. Essays in Culture, History and Political Economy, Rutgers University Press, New Brunswick.

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Nuestros diálogos sobre la importancia de Nueva Antropología en la actualidad

Nunca olvidaré el día que conocí a Silvia Gómez-Tagle, quien para ese entonces ya había recorrido cuatro décadas siendo el alma y soporte de Nueva Antropología. En ese primer encuentro nuestra conversación giró sobre la importancia de la revista en la publicación de algunos debates que, con el paso del tiempo, se convirtieron en referentes fundamentales de la antropología mexicana. De esa charla, recuerdo también dos preocupaciones enunciadas por Silvia a manera de retos que tenía que enfrentar la publicación: diseñar un espacio en internet para que los artículos (ya publicados y de reciente aparición) llegaran a más lectores, sin dejar de producirla en su formato impreso; e imaginar una serie de estrategias sociodigitales para que los debates publicados tuvieran una presencia interactiva en redes sociales.

A finales de 2010, como parte de una nueva oleada de integrantes del Comité de Redacción, me incorporé a las reuniones de trabajo en las que se deliberan los procesos de dictaminación, las razones de su autonomía, los esquemas de autofinanciamiento y los pormenores en torno a la producción de la revista. Desde ese entonces he sido testigo de cómo la impronta interdisciplinaria de Silvia —detallada en las palabras antes expuestas por Marijose— promovió que este proyecto editorial siempre mantuviera una política de puertas abiertas a nuevas generaciones del campo de la antropología y las ciencias sociales, que buscan un espacio para difundir sus investigaciones. El resumen de toda esa vida al frente de la publicación fue magistralmente sintetizado por Silvia, en el marco del V Congreso Mexicano de Antropología Social y Etnología, cuando dictó la conferencia “El impacto de la revista Nueva Antropología en la consolidación de la antropología en México”, en 2018. En esta especie de auto-etnografía de las vivencias de Silvia en torno a Nueva Antropología, se confirmó que por casi cinco décadas la revista se ha mantenido como una tribuna de debate e intercambio de ideas en torno a investigaciones sociales comprometidas con la aplicación de innovadores enfoques teóricos y metodológicos.

Las reflexiones colectivas en las que participaba con el grupo de estudiantes y becarios vinculados con Nueva Antropología —encabezados por Ana Peña—, incentivaron el ímpetu de Silvia para comenzar proyectos y debates, en el marco del Consejo Editorial, enfocados a migrar la revista a los entornos sociodigitales, lo cual implicó iniciar una estrategia de digitalización de todos los números que sólo estaban impresos (algunos de los cuales son ejemplares de colección). Este tránsito del papel a los repositorios de internet fue impulsado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la unam y, posteriormente, gracias al apoyo del inah, se ha construido un acervo digital accesible a todas las personas interesadas en su consulta. Sin embargo, la creatividad y el empuje de Silvia no se limitó a extender su difusión. También se dio el gusto de dialogar con un grupo de jóvenes raperos y retroalimentar sus rimas para crear “El rap de Nueva Antropología” (Véase la plataforma de YouTube, recuperado de: <https://www.youtube.com/watch?v=XAFbofXe4Os>), para celebrar el 41 aniversario de la publicación.

En las últimas reuniones del Consejo Editorial, Silvia fue enfática en que se tendría que idear un portal de internet que le permitiera a la comunidad antropológica incentivar debates emergentes sobre alguna temática, propuesta teórica o enfoque metodológico, tal como en su momento acontecieron presencialmente en los auditorios del Museo Nacional de Antropología o de la enah, y que se convirtieron en números clásicos; pero ahora buscando fomentar un diálogo virtual polifónico con investigadoras/es de otras latitudes y de diversas disciplinas sociales, lo cual refrendaría el carácter innovador e interdisciplinario de la revista, sin perder su impronta antropológica.

La creatividad y el empeño de Silvia por posicionar a Nueva Antropología en los mundos sociodigitales nos deja la tarea de crear un soporte virtual que permita acceder a todos sus números y, a su vez, generar contenidos con reflexiones emergentes que formen parte de la agenda de debate contemporáneo de la antropología y de otras disciplinas sociales. Este espacio online debe garantizar la pluralidad de posiciones —como siempre ha hecho la revista— y promover diálogos entre quienes en la segunda mitad del siglo xx abrieron brecha a la “nueva antropología”, y las generaciones más recientes que realizan investigaciones innovadoras desde enfoques experimentales y creativos bajo un encuadre interdisciplinario. Todo ello apegado a los criterios de calidad que han distinguido a este proyecto editorial. Sabemos hacia donde vamos porque Silvia nos marcó el camino y nos dejó una revista que vale la pena mantener muchos años más. Estoy seguro que las y los integrantes del Consejo Editorial seguiremos trabajando para lograr que Nueva Antropología persista como un referente en el campo de las publicaciones científicas de México e Iberoamérica. Ése es el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestra querida directora y fundadora: Silvia Gómez-Tagle.

Semblanzas de Silvia Gómez Tagle (1944-2022). Publicado en el núm. 95, vol. 34 de Nueva Antropología, julio - diciembre 2021

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Experiencia y generosidad, sus bases para formar a las nuevas generaciones

Si me preguntaran quién era y qué hizo la doctora Silvia a lo largo de su carrera profesional, sin duda tendría que hacer un justo y preciso resumen de su hoja de vida de más de setenta cuartillas para describir sus andares desde 1970. Sin embargo, esta tarea me desborda y prefiero no asumirla; por ello, en los siguientes párrafos mencionaré lo que a mi juicio se podría destacar de Silvia Gómez-Tagle. Comenzaría por mencionar que fue historiadora del arte, además de maestra y doctora en Antropología. Tal vez destacaría sus inicios como asesora del ya extinto Comité del Programa Federal de Construcción de Escuelas en México, su paso como directora de la ENAH, su ingreso al Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, su casa académica hasta el último momento, así como la fundación y dirección de Nueva Antropología. Para ser justa con su trayectoria, tendría que mencionar cada una de las instituciones internacionales de gran renombre en las que participó, tales como la Organización de las Naciones Unidas, la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política, el Grupo de Análisis Espacial de América Latina, entre el gran número de universidades extranjeras con las que colaboró.

No podría dejar de citar sus más de ciento cincuenta publicaciones en libros y revistas académicas, que sin duda la llevaron a pertenecer al nivel más alto del Sistema Nacional de Investigadores en México, además de la redacción de decenas de artículos en periódicos como El Cotidiano y El Universal, en el que escribió por una década. Asimismo, es innegable su calidad como docente reflejada en su faceta como profesora, desde 1986, en el Programa de Doctorado de Ciencias Sociales de El Colegio de México, donde impartió materias tales como Sistema político en México, La investigación participante en encuestas, Sociología electoral, Geografía del poder, Política e instituciones, Democracia y procesos, entre muchas otras. Desde ese espacio acompañó la formación de investigadores e investigadoras, dirigiéndoles sus tesis, quienes después se convirtieron en renombrados académicos con los que unió fuerzas para la creación de proyectos colectivos.

Refiriéndome a sus proyectos, sin duda mencionaría que coordinó y participó en una veintena de iniciativas de investigación colectivas e individuales, que muchas veces fueron fondeadas por programas institucionales y gubernamentales que creían en ella y la apoyaban. Es necesario hacer énfasis en el hecho de que la doctora Silvia se esforzó por llevar toda esta información al mundo electrónico y las redes sociales; un ejemplo de ello es su portal de internet “Pienso luego Voto” para la difusión relativa al proceso electoral ordinario 2014-2015 del Distrito Federal. Acabaría el recuento de su vida profesional con las innumerables actividades académicas en congresos nacionales e internacionales, y quizá, luego hablaría de sus planes de trabajo a futuro que se vieron interrumpidos el 17 de marzo de 2022, con su sensible fallecimiento.

Ahora bien, si me preguntaran en cambio quién fue para mí Silvia Gómez-Tagle, sí que podría responder de manera muy sintética al haber tenido el honor de acompañarla como asistente de investigación y alumna por más de una década. Fue una de las personas que me formó como profesional en la antropología y me mostró las herramientas para ser disciplinada en nuestra ciencia. Me enseñó a hacer trabajo de campo en contextos de conflicto, a sistematizar, transcribir y analizar información; a conjuntar los enfoques cuantitativos y cualitativos en la antropología y a ser cuidadosa con la escritura y redacción. Me permitió entender cómo funciona una revista académica y a formar parte del proceso de dictaminación. Me mostró cómo se redacta un proyecto de investigación desde sus objetivos, así como otras competencias importantes para la vida, como ser persistente, tenaz, aguerrida y fuerte, a pesar de las limitaciones.

Para cerrar este breve homenaje, me gustaría decir que recopilé los testimonios de becarias y ayudantes de investigación —que como a mí, ella acompañó en su formación—. Sus puntos de vista coinciden en que Silvia era meticulosa, en extremo, al investigar. Era constante y le daba seguimiento a los procesos que le interesaban. Era creativa y buscaba la manera de siempre estar a la vanguardia. Era una luchadora académica y de trabajo siempre a la izquierda. Hasta el último momento veló por la existencia de una democracia real y era sagaz en sus reflexiones, cuestionamientos y no tenía miedo de decir lo que pensaba. Al igual que estas colegas, considero que la doctora Silvia era una profesional bondadosa y colaborativa, creía en el trabajo de equipo y así lo hizo hasta el último momento. Silvia fue y será una gran mujer.

Semblanzas de Silvia Gómez Tagle (1944-2022). Publicado en el núm. 95, vol. 34 de Nueva Antropología, julio - diciembre 2021

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La Trayectoria de Silvia Gómez-Tagle como modelo de la vocación interdisciplinaria de Nueva Antropología

El primer acercamiento de Silvia con la interdisciplina proviene de su familia, su padre y tío, que la pusieron en contacto con temáticas tan disímiles como la química y la historia, lo que le abrió el mundo al incorporar conocimientos y saberes de ciencias y humanidades en su trayectoria profesional. Misma que, como ella refería, estaba modelada por una singularidad grande, que era caminar con muletas, lo que, en ocasiones, representaba un obstáculo en ciertos espacios de socialización y profesionales, pero no para dedicarse a la historia del arte, que fue su primera ocupación profesional. En la antropología encontró las posibilidades de percibir, a través de entender el comportamiento de la gente y de sus diferentes roles, las particularidades de su propio proceso de socialización. Así, una primera etapa de la vida profesional de la doctora Gómez-Tagle transcurrió entre el mundo del arte y de la antropología.

Tiempo después, Silvia se decantó por la antropología, fundamentalmente por su interés en entender y participar en los procesos políticos, más allá de los imaginarios que se discutirán en las tertulias de los artistas. Su primer trabajo de campo, en la Huasteca, le permitió observar los comportamientos políticos cristalizados en las acciones de los caciques al interior de las comunidades indígenas. A éste se sumó el realizado con el sindicato de los electricistas. También en la enah, donde estudiaba, el ambiente estaba muy politizado a partir de los sucesos del movimiento estudiantil del 68. Ahí se vinculó con Luisa Paré, Erwin Stephan Otto y Javier Guerrero, con quienes años después fundaría Nueva Antropología en 1971. Durante esos años, otra situación que incidió en su trayectoria profesional, así como en el rumbo de la revista fue su formación en Inglaterra, donde Silvia aprendió con el antropólogo Mayer Fortes, su tutor, que no se podía comprender lo que sucedía a nivel microsocial sin el contexto de lo macro. Esto lo trasladó a entender el país. Así, para explicar los problemas específicos de un grupo, había que establecer la vinculación entre estos casos particulares y el contexto general, explicación que era válida tanto para la investigación como para la militancia política.

Los distintos intereses profesionales que constituyeron la trayectoria de la doctora Gómez-Tagle se filtraron desde la creación de Nueva Antropología, cuya dirección se sumó a sus múltiples quehaceres y se enriqueció de ellos. Así, desde el inicio, la publicación estuvo caracterizada por difundir textos de alto rigor académico sobre temas de vanguardia, construidos desde perspectivas interdisciplinarias y, de ser posible, que señalaran los distintos problemas que aquejaban a las sociedades sobre las que se trabajaba. La doctora Gómez-Tagle alentó, además, la participación de investigadores adscritos a distintas instituciones y de profesionales independientes, entre los coordinadores de dossiers, autores de los artículos, así como entre quienes tuvimos el honor de pertenecer al Consejo Editorial. En este sentido, mantuvo la certeza de que el conocimiento que se produce en forma colectiva, dialogando con distintas ideas y posturas, es siempre el más fuerte.

A lo largo de 47 años, Silvia fue la mujer orquesta de nuestra revista. En principio, cada uno de los números se construía considerando nuevos temas, ideas y enfoques donde se incluía la perspectiva de las antropologías y de otras ciencias sociales. El proceso comenzaba con las reuniones del Consejo Editorial en su casa, donde éramos recibidos generosamente. En ocasiones, a esas reuniones se sumaban jóvenes, y a veces no tan jóvenes, investigadores armados con varios trabajos que en conjunto podrían integrar un número completo. La particularidad de estas propuestas era que los trabajos se construían sobre temas y desde perspectivas poco estudiadas en la antropología mexicana. Lo anterior significaba siempre un reto para encontrar a los posibles dictaminadores. Así, el Consejo Editorial tenía un espacio privado, sin invitados curiosos, donde Silvia escuchaba nuestras propuestas para encontrar dictaminadores. No pocas veces, cuando conocíamos del tema o del enfoque, nos tocaba también revisar los textos. La naturaleza del mismo consejo, siempre en continua renovación, merece también una especial mención. A él se sumaban los coordinadores de dossiers que habían encajado con las referencias de la revista. Así llegamos varios muy jóvenes que fuimos creciendo en la actividad de investigación y en la editorial al cobijo de algunos más experimentados. Sobra decir que siempre fuimos escuchados y nuestras ideas eran consideradas en ese ambiente de libertad y respeto que propiciaba Silvia.

Una vez recibidos los dictámenes, la doctora Gómez-Tagle se encargaba de conjuntarlos. Para ello leía los textos, las cartas de los revisores y con ello escribía un documento constructivo y pleno de ideas para revisar y mejorar los trabajos. Hasta hace dos años, ella era también quien se encargaba de la redacción de la introducción y la presentación de cada uno de los números. Adicionalmente, conseguía patrocinadores para la edición entre las numerosas redes que había tejido a lo largo de sus investigaciones y de su militancia. Llevaba los siempre difíciles asuntos de Conacyt y organizaba eventos para presentar los números, donde junto con el coordinador del dossier conseguía presentadores, espacios y hasta comida para engalanar el evento.

Como integrante primero del Consejo Editorial y en los últimos años del de Redacción, puedo agregar un hecho que no es quizá tan visible para quienes no participaron en éstos: la capacidad de negociación de Silvia. Con ese aporte, independientemente de las diferencias ideológicas y hasta epistémicas de quienes participábamos en estos órganos colegiados, éramos considerados, con lo que contribuimos de buen agrado a la marcha y permanencia de la revista. Querida Silvia nos dejas una tarea muuuuy grande… Para cumplirla, por suerte, nos dejaste también una gran herramienta: tu ejemplo; esperamos con ella poder seguir fortaleciendo uno de tus proyectos más queridos: la revista Nueva Antropología.

Semblanzas de Silvia Gómez Tagle (1944-2022). Publicado en el núm. 95, vol. 34 de Nueva Antropología, julio - diciembre 2021

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Un proyecto autónomo, visionario, en nuestra disciplina: una nueva revista de antropología

Quienes la conocimos sabemos que uno de los proyectos más importantes de Silvia fue la propuesta de iniciar un esfuerzo editorial colectivo que marcara una diferencia en nuestro campo de estudio: Nueva Antropología. En su papel de directora y fundadora, desde la aparición del primer número luchó por otorgarle autonomía de las instituciones académicas que promovieron su nacimiento, para garantizar una pluralidad temática y la apertura a enfoques de investigación emergentes en el campo de las ciencias sociales. La defensa de esta característica distintiva del entonces novel proyecto editorial pasó por varias etapas, que valen la pena rememorar a manera de homenaje. Nueva Antropología se constituyó como una asociación civil en 1971, cuyo objetivo, como dice su primer editorial, radicaba en:

Por una parte, servir como medio de expresión a todos los antropólogos que ejecutan trabajos de investigación concreta, empeñados en la aplicación de nuevos enfoques teóricos y metodológicos; por otra parte, constituirse en el órgano de difusión, en la tribuna de un debate alrededor de los problemas que atañen a la antropología misma como una rama de las ciencias sociales contemporáneas (Consejo Editorial, 1975: 4).

La primera defensa de la autonomía se dio al destacar su separación “orgánica” de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah). En efecto, los primeros números de la revista estuvieron apoyados financieramente con recursos del inah a través de la enah, hasta que algunos profesores, en una de las reuniones del Consejo Editorial —que debe haberse realizado en 1975 o 1976—, manifestaron que la revista debía ser entregada a la enah, la cual a través de una comisión establecería su organización a partir de ese momento. Silvia se negó aduciendo que la enah, dado el momento por el cual atravesaba, no tenía las condiciones que garantizaran la continuidad de la publicación. Además, argumentó que este proyecto editorial no carecía de un apoyo institucional, ya que estaba impulsado por la asociación civil, conformada por connotados antropólogos y antropólogas, que servían de vínculo con sus instituciones académicas, pero dicha articulación no implicaba ceder el control editorial de la revista a ninguna de ellas.

A partir de la primera defensa de la autonomía interinstitucional de la revista, algunos profesores de la enah dejaron el Consejo Editorial. Esta siimportante en la vida organizacional de Nueva Antropología, ya que marcó la pauta a seguir en los apoyos y financiamientos que obtendría la publicación de diversas instituciones académicas. Todavía el número 5 de 1976 salió publicado con el lema de la enah en la portada y una fotografía de Héctor Díaz-Polanco y Laurent Guye, de una trilladora producto de su trabajo de campo en Valle de Santiago, Guanajuato. A partir del número 6, Silvia comenzó una campaña que duraría toda su vida: la de gestionar recursos institucionales para que saliera la revista. En ese momento, el Consejo Editorial decidió integrar a algunos alumnos de la enah, por ejemplo, Magalí Civera —quien renunció en 1980 por haber estudiado Antropología Física y no ubicarse en la línea de la revista—, Ludka de Gortari, José del Val, y quien esto escribe. A nivel editorial, ese número inauguró un nuevo esquema de producción, ya que se imprimió en colaboración con García y Valadés, reconocida editorial que publicaba la revista El Cuento, y con la que Silvia tenía una relación personal.

A partir del número 7, el organigrama de la revista cambió y se estableció una subdirección encabezada por Lourdes Arizpe y Héctor Díaz-Polanco. Posteriormente se integró a la subdirección José del Val y se amplió el Consejo Editorial con colegas como Andrés Fábregas, Andrés Medina, Rebeca Panameño, Enrique Nalda, Juan Yadeum y Eduardo Matos. Poco a poco la revista se fue haciendo de un lugar en el campo de la difusión antropológica y gracias a las gestiones de Silvia se logró que Guillermo Bonfil y Gloria Ruiz de Bravo-Ahuja apoyaran su edición desde el cis-inah y el ciiis, respectivamente. A estos vínculos interinstitucionales se sumaría el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Eran otros tiempos y el acceso a los resultados de las investigaciones sociales estaba mediado por los formatos impresos; se editaban 3 000 ejemplares en papel, que se fueron reduciendo a 2 000 a partir del número 8. Los temas predominantes en la agenda de debate antropológico de ese entonces —que encontraron espacio en la revista— fueron el campesinado, la cuestión étnica, así como la relación del marxismo con la arqueología y la antropología. Para 1980 se diversificaron las instituciones que apoyaban la revista, se lograron acuerdos con el Conacyt, el Instituto Nacional Indigenista y la Dirección de Educación Indígena de la sep, aumentando el respaldo interinstitucional y con ello la libertad para exponer cualquier temática en el campo de las ciencias sociales. Por ejemplo, con los financiamientos obtenidos se editaron los números 15 y 16 sobre movimientos armados en América Latina. Para 1981, fue la primera vez que El Colegio de México colaboró con la edición de Nueva Antropología.

A partir de ese momento, la revista sería testigo de una diversificación temática en la investigación antropológica en México, que tendría como base conceptual una gran variedad de enfoques teórico-metodológicos. No precisaré los temas que dieron pauta a cada número (Tejera, 1989), pero hoy día es innegable el aporte de esos textos en la diversificación de estudios que experimentó nuestra disciplina a finales del siglo xx. Una tarea pendiente de realizar, es un balance de los números publicados de 1994 a la fecha, ya que la revista es indicativa de algunas de las agendas de investigación y paradigmas teóricos que son parte de la historia, no sólo de la revista y la antropología, sino de las ciencias sociales en general. Al respecto, la publicación fue ampliando su espacio de reflexión y muchos de los números editados comenzaron a mostrar temáticas más extensas que las preocupaciones propias de la cocina antropológica. Ése también fue un esfuerzo realizado por Silvia en cuanto a convertir a Nueva Antropología en una revista que, como expresaba su portada, estaba dedicada a las ciencias sociales.

Habría que mencionar algunos momentos de tirantez con la perspectiva que la revista mantuvo relacionada, ya no con su autonomía institucional, sino con la académica. El primero de ellos, cuando algún artículo sobre autonomía no fue aceptado por dos de los dictaminadores (lo que implicaba su rechazo) y su impulsor reclamó aduciendo que era políticamente importante para la publicación (y para él) que se divulgara. Ante la negativa de Silvia y el Consejo Editorial, el promotor renunció a la revista. No fue el único caso polémico que generara conflictos internos, pero sí el que marcó la pauta para determinar que los procedimientos de dictaminación en el trabajo editorial de la revista estaban por encima de otras consideraciones.

Hubo otros desencuentros en los que los promotores de un proyecto editorial se incomodaron por el resultado de los dictámenes y dado que algunos eran especialistas en el tema, propusieron tener voto de calidad al respecto. El Consejo Editorial mantuvo, como lo sigue haciendo hasta la fecha, que el principio de evaluación de los dictámenes fuera la guía central para admitir los artículos, aun cuando algunos fueran considerados insuficientes por quienes proponían un dossier temático.

El propósito de mantener la autonomía de Nueva Antropología, y al mismo tiempo garantizar su seguridad económica, fue uno de los esfuerzos más complejos a los que se enfrentó Silvia durante todo el tiempo en que encabezó la revista. En la medida en que los recursos y, por tanto, los apoyos institucionales se fueron haciendo cada vez más exiguos a través de los años y en los periodos de crisis económica, ella buscó por una parte que el Conacyt financiara su impresión, como otras muchas revistas académicas, pero los procedimientos de calificación para las publicaciones científicas establecidas por dicho organismo se confrontaron con las políticas editoriales con las cuales se editaba Nueva Antropología. Por ejemplo, la prohibición de que un autor publicara en un lapso menor de dos años, el que los recursos otorgados sólo fueran gastados en ciertos rubros, el calificar a la revista con base en los esquemas de indexación en los cuales estaba inscrita, entre otros. Todo ello, propició que Silvia se rebelara ante la imposición de las políticas editoriales marcadas licación y seguir conservando su autonomía hizo que Silvia, en su papel de directora, dedicara mucha de su energía y prestigio académico para buscar que alguna institución la “adoptara”. Entabló pláticas en diferentes momentos con el ciesas, la uam, el inah y El Colegio de México. Pero en cada caso evaluó por razones distintas que las condiciones que se ofrecían ponían en tensión dos aspectos: el funcionamiento e integración académicas, por un lado, y la supervivencia a mediano plazo, por el otro. No dejó de tener razón, lo que no significa que dichas instituciones no tuvieran motivos explicables: integrar una revista y al mismo tiempo otorgarle autonomía organizativa, no deja de ser un elemento de tensión en la estructura organizacional. No obstante, la historia se puso del lado de Silvia, pues es innegable que Nueva Antropología sigue siendo un espacio de libertad académica para quien desee publicar un artículo en el campo de la antropología y las ciencias sociales, desde cualquier enfoque teórico-metodológico.

Semblanzas de Silvia Gómez Tagle (1944-2022). Publicado en el núm. 95, vol. 34 de Nueva Antropología, julio - diciembre 2021

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Silvia Gómez-Tagle: Entre el movimiento del 68, la insurgencia sindical y la lucha por la democracia

Silvia ha sido reconocida por su atenta mirada, su agudo análisis y su participación en el campo político mexicano, donde, durante casi medio siglo, se sumó personal y apasionadamente en una arena particular: la construcción de una sociedad democrática en México.

Quisiéramos llamar la atención sobre su actividad política, que inició desde muy joven con su participación en el movimiento estudiantil de 1968. Años más tarde, sus ímpetus políticos se convirtieron en agudeza heurística: ya como novel investigadora de El Colegio de México realizó, a principios de la década de 1970, una investigación sobre las sociedades de crédito ejidal de La Laguna (Gómez-Tagle, 1974), en la que evaluaba el desmantelamiento de la colectivización agraria cardenista. Esta investigación le permitió desplegar una mirada cercana sobre los procesos laborales y las formas de organización de los trabajadores del campo (el llamado proletariado rural). Ahí, mediante la realización de un enorme trabajo documental y de entrevistas, pudo identificar cuidadosamente las formas de control corporativo y corrupto que ejercían las instituciones bancarias rurales de naturaleza estatal, y las dirigencias locales asociadas a las organizaciones campesinas oficiales, sobre ejidatarios y trabajadores rurales.

En la segunda mitad de esa misma década, cuando en México resurgía con un brío inédito la lucha proletaria, Silvia tuvo la claridad para percibir la magnitud de lo que acontecía en el país y nos dejaba ver que en ese momento se convertía en “noticia de primera plana el movimiento obrero y en particular la ‘insurgencia sindical’ […] los movimientos sindicales de mayor trascendencia nacional han sido encabezados por los trabajadores de las empresas nacionalizadas” (Cordero y Gómez-Tagle, 1978: 97 y 98). Muchos años después, Silvia recordaba en entrevista que: “Rodolfo [Stavenhagen] apreciaba mucho mi trabajo, me presentó con el líder de los electricistas democráticos [Rafael Galván] y me ayudó a establecer contactos para hacer una investigación que era muy importante para mí, sobre el sindicato de los electricistas” (Gómez-Tagle, 2021: s.p.).

Ese interés se cristalizó en diversos trabajos (entre otros, Gómez-Tagle, 1980; Gómez-Tagle y Miquet, 1976; Cordero y Gómez-Tagle, 1978); en ellos, Silvia tuvo la sensibilidad política para identificar

[…] la Tendencia Democrática, [como] uno de los movimientos políticos sindicales más importantes en los últimos años, ha sido encabezado precisamente por un amplio sector de los trabajadores electricistas pertenecientes a la cfe [Comisión Federal de Electricidad]; y todavía sigue pendiente la integración de los trabajadores de la clyfc [Compañía de Luz y Fuerza del Centro] a la cfe, con su consecuente incorporación al Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (suterm) (Cordero y Gómez-Tagle, 1978: 116).

Silvia reconocería que:

Las demandas de este movimiento pasaron de ser laborales, a implicar un programa político para la reestructuración del movimiento obrero y la modificación de la política económica de las empresas estatales, planteando la posible necesidad de crear instancias de democracia directa, como la participación de los trabajadores en la administración de las empresas estatales, con el fin de lograr que la intervención del Estado en la economía mexicana adquiera un significado social, congruente con los postulados de la Revolución de 1910 (Cordero y Gómez-Tagle, 1978: 123).

No obstante su simpatía hacia la clase obrera industrial, siempre mantuvo su mirada crítica sobre el movimiento encabezado por los electricistas democráticos. Sin duda, la “Declaración de Guadalajara” (1975) de la Tendencia Democrática electricista representaba el manifiesto obrero más importante y maduro del siglo xx en México:

[…] proponía doce puntos, para “llevar adelante la Revolución Mexicana”; entre los cuales destaca, por su importancia, la idea de reorganizar el movimiento obrero en sindicatos nacionales de industria por rama. Se manejó también la idea de consolidar la alianza de los trabajadores del campo y la ciudad, la cual sí representó una innovación respecto de programas anteriores. En documentos posteriores se expresa con mayor claridad una posición de clase. En 1976 se reconoció que la etapa “nacionalista revolucionaria” es transitoria para llegar al socialismo, y también que la “Declaración de Guadalajara” fue un programa popular nacionalista para una etapa de la lucha, pero que ha faltado una caracterización del Estado mexicano con una perspectiva política más amplia (Gómez-Tagle, 1980: 200-201).

La experiencia vivida por el movimiento de los electricistas permitió conocer los límites del Estado mexicano ante el amago de una huelga nacional, que amenazaba con paralizar y dejar a oscuras al país entero: “Las secciones de la td [Tendencia Democrática] fueron ocupadas por el ejército el 16 de julio, antes de que se declarara la huelga, muchos trabajadores fueron reemplazados, y los que regresaron al trabajo aceptaron la dirección cetemista del suterm” (Gómez-Tagle, 1980: 204). Silvia no sólo analizó críticamente estos sucesos, sino que los acompañó atestiguando —en su ascenso y en su derrota— uno de los momentos más importantes de la lucha proletaria en México.

A lo largo del trayecto biográfico de Silvia, es posible identificar cómo acompañó los movimientos sociales y políticos más significativos de México: durante la década de 1970 a la Tendencia Democrática en el plano sindical; en las dos décadas siguientes al movimiento democratizador encabezado primero por Cuauhtémoc Cárdenas, y ya iniciado este siglo en la lucha de Andrés Manuel López Obrador. En estas lides no siempre salió victoriosa, pero sin duda en ellas desplegó no sólo su inteligencia y fina capacidad analítica, sino que también expresó su optimismo, pasión y sobre todo su buen humor.

No sobra recordar y agradecerle a Silvia el que durante casi medio siglo haya hospedado y mantenido siempre abiertas las páginas y números de Nueva Antropología a los resultados de investigaciones antropológicas que se atrevían a abordar temas laborales y sindicales, que hasta finales de la década de 1970 eran considerados aún por muchos como asuntos ajenos a la antropología. Sin duda, estas temáticas, al lado de muchas otras iniciativas innovadoras (género, imaginarios, representaciones, sexualidad, violencia, afectividad, deportes, ocio, etcétera), le dieron un lugar importante a la revista en el mundo hispanohablante y honraron su subtítulo al permitir el diálogo no sólo con las otras disciplinas sociales, sino también con las humanidades.

Semblanzas de Silvia Gómez Tagle (1944-2022). Publicado en el núm. 95, vol. 34 de Nueva Antropología, julio - diciembre 2021

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